Atto primo.-

Mi pregunta es la siguiente -en homenaje al 200 aniversario del nacimiento de Edgar Poe-:

¿Qué desdichado maestro, al que el impío desastre llevó a aprenderte a hablar -de todo, con convicción, haciendo de tí un ilustre "especialista en la generalidad"- invocas tú para ahora decir que:

"Yo no tengo nada que ver, yo pasaba por aquí"

Nadie te involucra en la muerte del Rey Sancho. Te preguntamos porqué días antes de la elecciones de 2007 aguzabas tu ingenio con sutiles expresiones del tipo:

"Desaceleración acelerada", y un año después nos encontramos entrando en las profundidades de un Averno económico. Insondable. Pero tu optimismo sigue firme. Pese a lo que diga los Entes Europeos tú dices que, en cuestión de meses, saldremos de este embrollo -casi imbroglio-. Y eso que todos los gurús económicos están de acuerdo en una sóla cosa: la sima abierta es insondable, no tenemos ni puta... -esto lo añado yo-. 

 

Atto secondo.-

Todo esto digo yo que hace un año y medio dejé de ser gerente, chófer, cortador y montador de una pequeña ferralla. Convencido de que íbamos a perder menos, decidimos el Consejo de Administración - mi hermana y yo - CERRAR. Yo no hice caso a la desaceleración acelerada. Pero sufrí en mis propias carnes los engaños sucesivos: la ayuda del  Instituto ICO, las ayudas de la ley de Dependencia -por nuestra madre-. Nel de nel.

Sólo resta decir que estoy enamorado, platónicamente, de Eduardo Galeano. En relación con el tsunami, narra éste en uno de sus últimos libros el desasosiego que invadió a los guardianes de los elefantes, cuando vieron que éstos, pasando de los mensajes tranquilizadores de los vijías ciegos, arrancaron sus cadenas-anclajes, y se refugiaron en la jungla.

Ellos no sabían que venía un tsunami -tienen poco estudio-, pero sabían que algo grave se estaba  armando.

Yo tampoco, debido a mi insignificación social y a mis escasas dotes teatrales. Pero ante tratantes que venían por el curre tratando de vender Eldorado, o la Arcadia feliz, que hablaban de aumentar la producción, de optimización de costes et ceteris, con un robot que SÓLO valía 40 millones de pesetas , yo me dije:

Soy -siempre seré- un humilde dilettante del arte y la historia medieval. Qué hacía al frente de aquel naufragio lo dejo para otro día. Escolásticamente, las premisas de este silogismo ya mostraban que toda la operación iba a terminar con el consabido resultado de CERO o, si prefieren de conjuto vacío. O sea, que una gorda se estaba armando (si el lector es avezado, captará que nuestro protagonista intuyó lo mismo que los sabios paquidermos).